Os mando este hermoso texto sobre la perduración de las tradiciones neolíticas en el norte de Marruecos
Simbología en la cerámica rifeña: el Neolítico en directo
28/02/2010 ROBERTO MIRANDA rmiranda@aragon.elperiodico.com
LA SIMBOLOGÍA DE LA CERÁMICA RIFEÑA
En el
Rif , una cadena montañosa al norte de Marruecos, paralela a la costa mediterránea (¡frente a nuestra Costa del Sol!), el aislamiento de las tribus bereberes islamizadas ha mantenido una cultura cerámica doméstica durante más de 5.000 años, al margen de las diferentes civilizaciones púnicas y romanas, en la más pura tradición neolítica. Por lo primitiva, tiene una gran semejanza con la cerámica precolombina.
Entre las faenas domésticas que realiza la mujer rifeña está la de trabajar el barro. Con él hace sus hornos para cocer el pan, forra sus graneros, hace sus lares para cocinar; con barro repasa sus casas de adobe después de las lluvias invernales. Y fabrica cántaros, tinajas, braseros, botijos, jarras, ollas, orzas, mantequeras y platos de uso inmediato, doméstico y ritual.
La tierra arcillosa la tienen a mano, por los alrededores, moldean la pieza sin torno y la cuecen a cielo abierto, con estiércol animal como combustible. Decoran las piezas cocidas con signos que vienen del arte rupestre; con pinceles de pelos de cabra o plumas de gallina las mujeres aplican los pigmentos naturales de óxido de hierro (rojo) y de manganeso (negro). Una tribu usa colores de la hoja de lentisco machacada y mezclada con un poco de azúcar, engobes naturales, sin esmaltes. Las piezas terminan de cocerse de forma definitiva en el horno de hacer el pan.
Estas piezas no salen fuera de la tribu. Las mujeres las bajan al zoco para cambiarlas por trigo y las van reponiendo si se rompen. Cada tribu plasma su estilo, sin salirse del canon y es muy difícil la interpretación de las figuras más alla de un “esto lo hacía mi madre”. Además, se escudan en el refrán bereber: “Si guardas el secreto, logras la permanencia”.
La simbología es muy rica: Espigas y peines, relacionados con la fertilidad de la tierra y de las cosechas, los mismos decorados que se aplicaban a las paredes de las casas a principios de verano, cuando finalizaban las cosechas. O que se tatuaban las mujeres mayores en el rostro. Las retículas en cuadrados o rombos que juegan con el blanco, rojo y negro, que ya aparecen en las cuevas paleolíticas.
Híbridos de rana y de insectos acuáticos (los zapateros), que ya están en la cultura ibérica del siglo II a. C. como talismanes protectores de embarazadas. Los símbolos cruciformes, también del ámbito rupestre; triángulos, pictogramas de la diosa púnica Tanit, como talismán curativo mágico y religioso; serpientes para ser depositadas en algún rincón de sus casas; símbolos relacionados con el agua en jabias (tinajas) y quemburas (cántaros); los ojos (que en el magreb son protectores), y las manos. El espectador reconoce en estos signos primitivos estilemas contemporáneos, de Paul Klee, de Matisse, de Picasso…





